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La culpabilidad impide unas vacaciones sin hijos

Los libros de cuentos son una buena idea para mantenerlos tranquilos cuando son un poquito mayores, y un juguete nuevo que puedan explorar y les entretenga, ¡no tiene precio!
La comida. Bueno, si aún le das el pecho, considérate muy afortunada, ya que no necesitas nada más que tu persona. Si sólo toma biberones, calcula cuántos necesitará durante todo el viaje, y añade por lo menos dos más en previsión de posibles retrasos o de vuelcos.
Esto es aplicable a las papillas y purés, que deberás llevar preparados desde casa, pues por lo común las compañías aéreas no ofrecen este tipo de comida a bordo, aunque no cuesta nada consultar si disponen de menú infantil.
Quizá te hayas preguntado cómo te afectarán las restricciones de seguridad a bordo, draconianas en los últimos años, a la hora de llevar comida, líquidos o medicamentos. De nuevo, lo mejor es consultar a la aerolínea, aunque la legislación permite a quienes viajan con bebés transportar leche para bebés, zumo y, en el caso de las medicinas e insulina, "las que sean necesarias, en cantidad suficiente para el viaje y presentando prueba de autenticidad en los controles de seguridad".
Para los vuelos largos, lo ideal es un pijama razonablemente abrigado con el que el niño esté cómodo y protegido del aire acondicionado.
Por último, un apunte sobre las diferencias horarias y el "jet-lag" en los bebés: la Academia Americana de Pediatría recomienda dar tiempo al pequeño para que se habitúe al nuevo horario; respetar su horario de comidas y sueño, es decir, alimentarle cuando tiene hambre y no tratar de imponerle el nuevo calendario.
Su "reloj interno" se adaptará poco a poco, pero siempre más despacio que el de un adulto. Y lo mismo ocurre con el sueño. Paciencia.
Reportajes EFE